De repente no supiste aliviar tu pensamiento en mí y decapitaste un futuro brutal entre vómitos de heridas fingidas. Supiste  perfectamente ue en tu teatro yo miraría a otro lado esta vez porue captaría lo evidente. Y así lo hice. Me dejé ser culpable de la duda inventada, el reo de una inercia amputada por mí pero por ti rescatada.

Asumo con deleite los vaivenes de la vida, ya lo sabes, pero al menos tenía ue lanzar a la nada estas líneas ue limpiaran el espacio de los trozos ue uisiste esparcir de mí y no son sino los tuyos, cobardes y egoístas, mentirosos hasta la patología de la sonrisa apostada. Ya estéril, ya de piedra.

Vive a mi margen, pero sufre mi recuerdo. París no valdrá tu mal sueño.